El Niño Mágico (2 a 7 años)


Joseph Chilton Pearce, famoso estadounidense especializado en desarrollo infantil y la mente humana, llamó a esta etapa “la más grande etapa de la infancia”, ya que menciona que es cuando se logra un perfecto balance entre el cuerpo, la mente y los sentimientos.

Entre numerosos libros que ha publicado, su mayor éxito editorial es “Magical Child”, él llama así al niño de 2 a 7 años, porque en esta edad la fantasía es potente y todo aprendizaje debe estar envuelto en la magia y la fantasía para que sea asimilado. Por eso dice que en esta etapa, también la televisión puede hacer corto circuito con la imaginación, bloqueando su desarrollo posterior.

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“La televisión, literalmente, impide el crecimiento neuronal en el cerebro en desarrollo de los niños. El cerebro tiende a cerrarse en respuesta a las fuentes de luz radiante (…) El problema con la actual programación televisiva es que no hay descanso, y el cerebro de un niño promedio, que ha observado desde 5.000 hasta 6.000 horas a la edad de cinco o seis años, está viviendo una gran confusión como resultado. El enorme exceso de estímulo de la televisión hace que el cerebro se dañe y se adapte mal de una manera que antes se pensaba imposible”

Joseph Chilton Pearce

(1926-1994)

En esta etapa, la curiosidad y el impulso por aprender no tienen límites, basta analizar la cantidad y calidad de aprendizaje logrado en estos primeros años de vida, que son mucho mayores que el resto de la vida, 50% de las habilidades necesarias para la sobrevivencia se logran antes de los cuatro años, pero depende de que el adulto propicie el ambiente y establezca las condiciones para que esto suceda.

Se dice, que la necesidad ha sido la mejor motivación para que la humanidad se supere, por lo que todo lo que los niños hagan por sí mismos es más importante que lo que los demás hagan por ellos, por lo tanto, es conveniente que los padres permitan al niño que realice todas las funciones que él pueda, aunque sea con esfuerzo; ya que si no se le permite al niño solucionar cualquier reto que le presente el ambiente por más sencillo que sea, se disminuye la posibilidad de aprendizaje y desarrollo, no sólo físico sino intelectual.

Es notable detectar cómo la naturaleza humana empuja al niño a la autonomía y a la independencia, somos los adultos que no sabemos ver esos signos del desarrollo infantil y retrasamos ese enorme potencial innato. Frecuentemente he visto en terapia a niños de 6-7 años incapaces de efectuar funciones tan sencillas como ponerse un suéter, amarrarse una agujetas o abrir un paquete de galletas.

Existe un pez que es el favorito de muchos coleccionistas japoneses conocido como “koi”, dicen que sí el koi se mantiene en una pecera pequeña, sólo crece 5-6 cms. de largo, si se coloca en un recipiente mayor crecerá de 15 a 20 cms, si vive en un estanque de gran tamaño puede llegar a crecer hasta 45 cms y cuando vive en un gran lago puede desarrollarse por completo llegando a medir hasta 90-100 cms. Este ejemplo sirve de analogía con el ser humano, nuestro mundo determina nuestro desarrollo, éste dependerá del espacio y de las oportunidades mentales, emocionales, espirituales y físicas que nos proporcionen o que decidamos darnos. Así que por favor: “No confine a su hijo a una pecera”

Por otro lado, varios estudios e investigaciones han demostrado que entre el 30 y 50% de la población estudiantil fracasa en la escuela por falta de hábitos que se adquieren a través de la concientización y repetición de actividades que comienzan en casa y los preparan para desarrollar posteriormente hábitos de estudio, de manera que es el hogar, la mejor escuela inicial que aporta las herramientas básicas del desarrollo intelectual.

Muchos niños y adolescentes con gran capacidad intelectual pero con escasos resultados académicos se debe a una marcada deficiencia de autodisciplina. Es muy importante el establecimiento de responsabilidades a su alcance, aunque el niño siempre buscará conseguir la ayuda del adulto incluso hasta llegar a la manipulación para evitarse esfuerzos y simplificarse la vida, los padres deben evitar la sobreprotección ya que se anula el potencial del niño.

El niño mágico tiene poco sentido del tiempo, está centrado en el presente casi por completo, por lo que es necesario establecer con ellos, horas fijas de tomar sus alimentos y sueño, cuando comenzar y terminar los deberes del hogar y/ o tareas escolares cuando ya las tenga, cuanto tiempo de entretenimiento o juego, cuando bañarse y procurar que se lleven a cabo lo mas apegado posible así como dejar que sufra las consecuencias si no los cumple. Si el niño no tiene un horario y se le deja la decisión de hacer los deberes o tareas cuando quiera, lógico que nunca las hará. Todas estas rutinas le enseñan responsabilidad y autodisciplina y de alguna manera es una “metodología” aplicada a las actividades de la vida diaria que posteriormente será transmitida a etapas posteriores.

En esta etapa acostumbran abrumar con preguntas sobre temas aparentemente obvios, no es conveniente contestarlas todas, es aconsejable revertir la pregunta para que el niño piense y encuentre la respuesta.

“Si para aprender el niño tiene que pensar adecuadamente, necesita que le enseñen a pensar, si ha de resolver problemas, necesita adquirir la habilidad para resolverlos, si ha de utilizar su cerebro de manera creativa, necesita practicar la creatividad.”

Entre los dos y cuatro años se sugiere promover los juegos con agua, arena, plastilina; propiciar actividades como deslizar, amontonar, rodar, empujar, tirar, llenar, vaciar, por lo que los mejores juguetes que les puedan proporcionar son los que responden a todas estas características. Dejen el ipod, el celular, aparatos y juguetes electrónicos para más tarde que dada la inteligencia y la curiosidad natural de esta etapa terminarán destruidos en un segundo.

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Siguen siendo de gran importancia actividades de movimiento al aire libre, hacia los tres años es conveniente saltar alternativamente sobre uno y otro pie, de hecho, esta es una de las habilidades que suelen usar como prueba para medir el desarrollo neurológico y psicomotriz.  En esta edad ya puede manejar con habilidad un triciclo y otros objetos rodantes para desplazarse como el patín del diablo, estas actividades favorecen el equilibrio el cual tiene enorme repercusión en el desarrollo del sistema cerebelo-vestibular.

El sistema Cerebelo-Vestibular interviene en la coordinación de los ojos, un desorden en este sistema puede ser (entre muchos otros) una de las causas de movimientos oculares imprecisos, deficiente fijación visual, binocularidad disfuncional que puede provocar borrosidad, cansancio ocular, dolor de cabeza y mareos.

Correr, jugar pelota, brincar la cuerda, triciclo, bicicleta, la liga, avioncito, todo esto ayuda a equilibrar el funcionamiento de sus dos hemisferios cerebrales dando por resultado mayor aprendizaje y memorización.

Entre el tercer y cuarto año de vida se da el mayor desarrollo lingüístico y también es la edad en la que les gusta escuchar narraciones y cuentos una y otra vez, por lo que es conveniente aprovechar esta necesidad infantil leyéndoles mucho para incrementar su vocabulario, que será una de las herramientas de aprendizaje más útil no solo para la lectura de comprensión sino para toda la vida académica, dado que todas las asignaturas dependen de la comprensión de textos el cual es muy bajo cuando el vocabulario general es pobre.

A los 4 años es conveniente la inscripción a pre-escolar o kínder para su desarrollo social; el tipo de kínder más favorable es el que enfatice ejercicios de psicomotricidad, socialización y desarrollo de la autoestima, en esta etapa aún no alcanza un pensamiento lógico, pues procesa los elementos en forma concreta, lo que sugiere como prioridad el desarrollo e integración sensorial y la formación de pre-requisitos para el aprendizaje formal como la motricidad gruesa y fina, recortar figuras con tijeras, en línea recta, línea quebrada, círculos, ésta es una de las actividades que más coordinación y madurez requiere y es fundamental para el desarrollo intelectual.

Para el desarrollo perceptual, discriminación de formas, figuras, objetos, rompecabezas, dibujar y calcar, son actividades muy importantes para desarrollar coordinación ojo–mano y como antecedentes de la escritura.

Muchos jardines de niños en la actualidad ofrecen actividades, que en forma aislada pueden ser útiles e importantes, pero los saturan con idiomas, computación, lectura, aritmética, actividades artísticas que quizá puedan ser recomendables, pero habrá que tomar en cuenta el tiempo y el esfuerzo que invierten los pequeños para lograrlo por lo que puede dar en el traste con la disposición hacia el aprendizaje.

Es necesario primero promover el “aprender a aprender” ya que antes de enfrentar al niño a la enseñanza académica es indispensable generar las herramientas para enfrentar con éxito el reto.

Soy de la idea muy personal, habrá quien contradiga lo contrario, lo cual es muy respetable, de no forzar al niño a la lectura prematura, dice el maestro Isauro Blanco, que la lectura debe florecer como un fruto maduro y no debe ser obligada. Forzar al niño mas allá de sus capacidades y anticipar funciones para las que no está preparado será contraproducente. No encuentro el sentido que un niño de tres o cuatro años cumpla objetivos escolares de uno de siete, la clave para que el aprendizaje sea sólido y el niño lo disfrute es cuando coincide el desarrollo y las habilidades del niño con las exigencias académicas.

Terminando el pre-escolar el niño todavía desconoce el pensamiento abstracto (análisis y síntesis) pero la clasificación, atributos, conocimiento y memorización de casi todas las letras y números, vocabulario, seguir instrucciones y orientación espacial ya deben estar lo suficientemente desarrollados para el proceso de transferencia al aprendizaje formal, es decir, estará listo, para ingresar a la primaria. (7-12 años) Etapa concreta-lógica, (siguiente entrada.)

Es necesario conocer la evolución intelectual que sigue etapas con características muy definidas y que nos orientan sobre las intervenciones oportunas, el desarrollo potencial de todo niño está en primera instancia en los padres y familiares que los cuidan y es consecuencia de la estimulación adecuada y temprana, en los primeros años de vida.

 

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